Celebra la Sherry Week 2017 con Tío Pepe

Celebra la Sherry Week con nosotros únete a la cata en directo con Antonio Flores, Master Blender de González Byass. Participa en las catas Online: martes 7 de noviembre, 8:30 p.m. inglés-español, 10:00 p. m. Español, o el miércoles 8 de noviembre a las 9 a.m.

Puedes seguir la cata en directo a través de nuestro Facebook Live en nuestra página internacional www.facebook.com/tiopepewine. Y puedes comentar en Facebook o Twitter con #sherryweektiopepe.

Concurso de notas de cata

¡Twittea tus notas de cata a través de #sherryweektiopepe. La mejor nota de cata, seleccionada por Antonio Flores, ganará un set completo de la Colección Las Palmas 2017.

 

Fino La Cala, la apuesta de González Byass y La Cala de Albert Adrià

Intensas y emotivas sesiones de cata y selección en Bodega “a pie de bota” protagonizadas por Antonio Flores, master blender de González Byass y el Mejor enólogo de vinos generosos del mundo, y el equipo de La Cala de Albert Adrià, uno de los chefs españoles más influyentes de los últimos tiempos, han dado como resultado Fino La Cala, un vino de Jerez que evoca el tradicional “aperitivo” entendido desde el respeto a la tradición, pero con salpicones de creatividad y, sobre todo, pasión.

Fino La Cala posee un marcado carácter cosmopolita y guarda la esencia del vino de Jerez. Es el fruto del “cabeceo” de finos procedentes de las soleras de González Byass. Desde la impronta vigorosa de los “sobretablas” a la riqueza del Fino con toques de vanguardia en busca del aperitivo jerezano perfecto.

Limpio, brillante y de intenso color oro con toques verdosos, La Cala posee una nariz punzante y fina, con claros recuerdos a levadura, almendras, mar y algas secas. En boca resulta extremadamente amable, ligero y fresco con un rico final amargo y salino perfecto para acompañar la propuesta gastronómica de La Cala de Albert Adrià basada en la fusión entre el aperitivo, la tapa y la conserva.

📝Publicado el 24 de marzo de 2017

 

📸 Todas las fotografías de la presentación

📦Quiero comprar Fino La Cala

 

Sherry Revolution, la Revolución con sentido

Había llegado temprano a Londres, me registré en el hotel y estuve tentado de cenar en mi habitación. Estábamos a finales de marzo y, por increíble que pareciera, la tarde era demasiado buena para pasarla repasando itinerarios, reuniones y catas que me esperaban durante siete exhaustivos días  en los que recorrería, junto a mis vinos, el Reino Unido, desde Dover hasta Edimburgo. La tarde era mía y no pensaba desaprovecharla.

Bajé por Pentoville Road hasta una pequeña placita en Rengent Quarter.  Allí estaba mi destino, un pequeño local, Pepito Bar, donde esperaba sentirme protegido de la gran Metrópoli que a esas horas de la tarde rugía como una fiera a punto de devorarme.

Fotografía: sherrywine.es 

El local era pequeño, coqueto, entrañable, sin faltarle cierto aire de modernidad y diseño. En todos sus rincones se respiraba Jerez. Las botellas perfectamente alineadas mostraban toda la riqueza de nuestros vinos: finos, manzanillas, amontillados, palos cortados, olorosos y dulces. Sin dudarlo, me senté en un extremo de la pequeña barra y pedí al chico pelirrojo, que en la trastienda cortaba raciones de jamón con la precisión de un cirujano, “a glass of Tío Pepe, please”. Llegó frío, apetecible, con pequeñas gotitas de condensación que acariciaban el cáliz y se deslizaban lentamente por el tallo hasta el pie de la copa. La acerqué a mi nariz con la rutina de un catador profesional, casi involuntariamente y, en ese instante, una oleada de sal y flor me inundó. El primer sorbo fue corto y directo como un latigazo restallando en mi boca para recorrer lentamente mi garganta dejando un rastro seco, sápido, largo y reconfortante que me hizo sentir seguro y tranquilo, como si estuviera venenciando en La Constancia, la bodega donde comenzó todo.

“Pepito” empezó a llenarse poco a poco, como se rocía una bota, mientras los “londoners” acababan su jornada laboral e inundaban de alegría “La City”. El camarero pelirrojo, con pintas de zaguero de la selección inglesa de rugby, no paraba de servir, detrás de la barra, olorosos, amontillados, palos cortados, con sus nombres y apellidos, Alfonso, Leonor,… acompañando a platitos con jamón, queso payoyo, tortas del Casar, anchoas, alcaparras y más vino, Solera, Tío Pepe en Rama…….Y detrás, las preguntas que me asaltan y emocionan: ¿Qué hay detrás de cada copa de Tío Pepe? ¿Qué ha llevado ha esta gente joven, moderna, sofisticada y profesional, a disfrutar con nuestros vinos?

Las respuestas: honestidad y verdad. Dos palabras sobre las que Jerez ha basado su resurgimiento y que no deberá olvidar nunca. La búsqueda del origen en nuestra tierra, blanca y generosa, como una madre que nos vincula en el tiempo y en el espacio. El trabajo en la bodega, lento, pausado, minucioso y preciso. El ejemplo de los hombres que creyeron, creen y hacen nuestro vino, trabajadores de la viña, toneleros, arrumbadores, capataces, enólogos, vendedores, formadores. Las familias que, generación tras generación, han apostado por un negocio que ha pasado por innumerables vicisitudes y que no han abandonado. Cuánto me acordé de Manuel González-Gordon, de su hijo Mauricio González Díez y de mi padre. ¡¡Cómo hubieran disfrutado!! Pedí una segunda copa y brindé por ellos. Y esa revolución fue calando en Londres, Nueva York, San Francisco, Tokyo y Shangai para darle la vuelta al mundo de la mano de los grandes chefs y sumilleres que hicieron de nuestros vinos el complemento indispensable de la cocina internacional, para volver a España, a Madrid, a Sevilla, como los vinos de ida y vuelta, mejores, con más fuerza.

Y allí estaba yo, absorto en mis pensamientos y disfrutando de toda la flor y toda la vida que me ofrecía esa copa de Tío Pepe que, sorbo a sorbo, menguaba en mi mano -¡a dos mil doscientos setenta y tres kilómetros de la bodega!- cuando dos chicas que no llegaban a los treinta, entre risas y empujones, gritaron: “¡¡Two glasses of Viña AB, please!!”. Me dio un vuelco el corazón, habían pedido mi vino. Me presenté, pedí otra copa para mí, brindé con ellas -“¡¡Cheers!!”-, las invité, estaba feliz. Salí a la plaza, casi no cabía un alfiler. Los primeros acordes de un grupo de rock atronaron en la plaza. King´s Cross tembló, allí estaba la Sherry Revolution levantando su copa. Allí estaba la revolución necesaria, la revolución con sentido.

Antonio Flores Pedregosa

Enólogo y Master Blender de González Byass

Tío Pepe en La Viña, septiembre: Aserpiado

Comenzamos una nueva serie en nuestro Blog, “Tío Pepe en la Viña” donde queremos compartir con todos vosotros los momentos más relevantes del viñedo, de la mano de José Manuel Harana, Coordinador de Viña y el alma mater de nuestros viñedos.

Con el trabajan Manuel Delgado, ingeniero agrónomo que ha sido el último “fichaje” de este departamento. Ambos son dirigidos por Salvador Guimerá que es Director de Producción y la cabeza pensante para conseguir los mejores resultados en los viñedos de González Byass. El cuidado y seguimiento que tiene José Manuel Harana con el viñedo no tiene límites, durante las mañanas, sigue cepa a cepa y liño a liño el devenir del tiempo, lluvia, sol, etc aunque también nos ha reconocido que alguna tarde, ya fuera de su horario de trabajo, viene a pasear por los viñedos a “echarles un ojo”.

En este primer post nos encontramos ya en el mes de Septiembre, y a la viña le toca prepararse para las ansiadas lluvias de estos meses. El Aserpiado o aserpia es la técnica que se lleva a cabo inmediatamente después de la vendimia, en los meses de septiembre u octubre, cuanto antes se haga mejor. Consiste en hacer unos caballetes con unos ochenta centímetros de distancia. Una de sus funciones es retener el agua de lluvia, con la intención de que el agua se concentre y la tierra albariza pueda absorver toda la lluvia posible. Otra función es frenar las “escorrentías”, que es trasladar las tierras de la parte alta a la inferior del viñedo. Sino hacemos esta función, las zonas bajas quedarán muy subidas de tierra y los altos muy descubiertos, con lo cual sería un problema para el viñedo a largo plazo. Tenemos que cuidar nuestras viñas, que llegarán a tener una vida de hasta treinta y cinco años.