Guadalete: el Río que abrió Jerez al Mundo

Tio Pepe ha hecho Historia al rendir Tributo a los Hombres y Mujeres que hicieron posible la Expansión del Vino de Jerez al Mundo. Rememorar la Travesía que a través del Río Guadalete y hacia la Bahía de Cádiz realizaban las Botas de Jerez, desde el centro de la ciudad, en plena Alameda jerezana, hasta que se alojaban al costado de los Buques que, fondeados en la Bahía, llevaban el vino a Ultramar.

El Guadalete está cargado de Historia. El Río “Lete” para los griegos o “Leteo” para los romanos, tuvo su origen en una batalla abortada entre las colonias griega y romana afincadas en el lugar, tras la que conveniaron en ese justo punto firmar la paz. Dejaban así atrás sus pasadas rencillas. Es esta pues la razón del nombre del Guadalete, que podría traducirse como “el Río del Olvido”.

 

Paisaje de marismas y humedales

Junto al atractivo histórico, estas coordenadas encierran un alto nivel paisajístico. Nos encontramos en la zona de la depresión del Río Guadalquivir, que hace unos 4.000 años se hallaba cubierta por el mar. Por los movimientos de placas y por el propio efecto de sedimentación del río, la zona se fue colmatando, para dar lugar a zonas de marismas y humedales, de los que apenas quedan unas pocas huellas estacionales.

Las aguas de lluvia que se recogen en la Sierra de Cádiz (caracterizada por una gran pluviometría) van buscando su salida hacia el Mar, y en su camino van conformando la Cuenca del Guadalete.

 

Flora y fauna del Parque de la Bahía de Cádiz

Durante la Travesía  se pudo disfrutar de la diversidad de la Flora y la Fauna que se encuentra en el entorno de la desembocadura del Río, que forma parte del Parque Natural de la Bahía de Cádiz.

Se trata de una zona en la que las conexiones fluviales con el interior la convierten en ideal para el desarrollo del Comercio. Este factor es contemplado desde un principio, y hace que muy pronto se establezca un intercambio cultural con los pueblos procedentes del Mediterráneo, un mar que se había decantado ya como vía de transmisión y comunicación con Mesopotamia, donde se ancla origen de las primeras civilizaciones.

 

Lagares fenicios desde el siglo IV a.C.

Desde este periodo se usa al Guadalete para el transporte comercial de productos, tanto de entrada como de salida. Así, este río irá observando la llegada de Fenicios, Griegos y Romanos. Desde el siglo IV a. C. tenemos atestiguada la existencia de Lagares, quizá no en la magnitud suficiente para que podamos hablar de un gran Comercio, aunque sí una incipiente manifestación de la riqueza proto-enológica de la zona.

En el Yacimiento Arqueológico de Doña Blanca, con una antigüedad del siglo VIII a.C., se encuentra el asentamiento más próximo a la entonces cuenca del Río. Allí también se han hallado vestigios de factorías de elaboración del Gárum, la legendaria salsa que encandiló a propios y extraños en todos los confines del Imperio Romano. Es precisamente en esta época romana cuando tenemos las primeras referencias a un comercio continuado del vino de la zona.

 

La expansión por la Salina de la Tapa

Jerez tuvo varios intentos para convertirse en Puerto de Mar. En torno a esta meta que siempre estuvo en el horizonte, a lo largo de la Travesía se comprobó un hito donde se marca. Pasamos por el espacio natural de las Salinas de la Tapa, que encierra un pasaje curioso. Este nombre tiene un origen documentado, ya que es la huella de uno de los impulsos realizados en el siglo XVII para unir Jerez con la Bahía de Cádiz sin tener que pasar por El Puerto de Santa María.

Cuentan los libros de Historia que tras un pleito planteado por el Duque de Medinaceli, propietario de los terrenos, se ordenó tapar el canal que unía por la zona el Guadalete y el Río San Pedro, con el que se acortaba todo ese Camino del Vino, y a partir de ahí que ya quedó acuñado el nombre de “La Tapa”.

 

El encargo del fundador a José Alva

Pasamos ahora varias páginas en el Libro de la Historia para situarnos en 1844. Manuel María González, fundador de González Dubosc y director de sus bodegas (que terminarían convirtiéndose en las actuales González Byass) necesitaba un transporte seguro de las Botas de Vino hasta el embarcadero de El Portal. Para ello contrató a José Alva, quien se encargaría de llevar carretadas de esas Botas por el camino a buen recaudo.

El camino se mantenía seguro y en perfecto estado gracias a un tributo específico que los bodegueros pagaban en la época. Este camino suponía desde tiempo inmemorial los primeros pasos en la ruta del Vino de Jerez en su expansión por el Mundo hasta que llegó la inauguración del Ferrocarril Jerez-Trocadero en 1854, para convertirse en la tercera línea férrea de la Historia de España.

 

El futuro en el molino de marea de Ángel León

Del pasado al presente, y a un futuro prometedor. En nuestra Travesía también tuvimos la ocasión de conocer el proyecto gastronómico y biológico marino de Aponiente, referente mundial y la “casa” del Chef del Mar, que ha recuperado uno de los únicos molinos de mareas de la zona, y donde proyecta cultivos marinos para usos gastronómicos de todo tipo.

Ángel León se afianza así como verdadero referente a la hora de aunar en su labor el cuidado y difusión de la materia prima gastronómica de la zona, un enfoque de respeto por la biodiversidad y la puesta en valor de un patrimonio arquitectónico vinculado al aprovechamiento de los espléndidos recursos que brinda la Bahía de Cádiz.

 

La Ciudad Trimilenaria pendiente del viento

El fuerte viento impidió dejar atrás el Guadalete y adentrarnos en plena Bahía para ver emerger Cádiz, a la que ya pocos dudan en bautizar como La Ciudad Trimilenaria, la más antigua de Occidente según las fuentes documentales y las arqueológicas que han venido apareciendo.

Para una próxima ocasión quedará la panorámica desde el mar del magnífico perfil de las Torres-Miradores o Torres-Vigía de Cádiz que  eran lo primero que divisaban los viajeros que llegaban por mar, y observaban la silueta pintoresca y diferenciadora que le conferían a la ciudad.  La vista que se quedó en el tintero sería la misma que podía tener en su día un viajero que, interesado por los Vinos de Jerez, navegara desde Inglaterra hasta Cádiz.

 

Vínculos comerciales con Inglaterra y América

Estas Torres-Miradores suponen un vestigio de la entidad de los vínculos comerciales que se mantenían con América. Sin precedentes en la arquitectura de la Baja Andalucía, se le atribuyen influjos norteafricanos. Su uso se generalizó entre los siglos XVII y XVIII (los de mayor brillantez comercial de Cádiz), y actualmente quedan en pie 126. Los comerciantes de Cádiz hacían construir en sus casas estas torres para poder controlar la salida y llegada de sus barcos al puerto, y estar así al día de todo el pulso mercantil de la ciudad.

En una de esas casas comerciales sería donde un joven Manuel María González Ángel empezaría a trabajar. Concretamente sería en la “Casa de Banca y Comercio Lasanta y Cía”. Allí aprendió las nociones básicas del Comercio, ganó sus primeros capitales y conoció a la que más tarde sería su esposa, María Victorina Soto Lavaggi.

 

La Caleta y los Castillos que la flanquean

También se quedó pendiente para una futura reedición de la Travesía la llegada al entorno de la Ensenada de La Caleta, donde impresionan los Castillos de Santa Catalina y de San Sebastián, con el Faro y el Paseo Fernando Quiñones. Cada una de estas fortificaciones flanquean la llegada hasta alcanzar la playa coronada por el Balneario de La Palma. Sin duda, una vista de la Ciudad de Cádiz única, evocadora y hermosa.

Allí fondearon barcos piratas como los de Drake, quien, ante la imposibilidad de rendir a la muy fortificada Cádiz en un duro asedio, terminó descubriendo tierra adentro en Jerez las excelencias del Sherry.

Esta vez, y debido al cambio de planes que nos impuso la mar, el desembarco para almorzar se produjo en Puerto Sherry. Allí rematamos una Travesía Tio Pepe que ya sin duda ha hecho Historia.

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