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Resumen del año vinícola 2017 y proyectos para el 2018

El año 2017 quedará escrito en la historia del Jerez como un buen año, un año en el que el resurgimiento de nuestro vino es ya una realidad palpable. Hemos tenido una vendimia sana y una cosecha que ha superado ampliamente las expectativas de las bodegas del marco. En cuanto a ventas, se consolida la tendencia alcista de los jereces de calidad frente a la caída de aquellos que no apuestan por la misma. ¡Esto es una gran noticia!. El conocimiento de nuestros vinos está calando lenta y profundamente como la buena lluvia en nuestros consumidores y prueba de ello es el éxito conseguido año tras año por el Sherrymaster by Tío Pepe que representa el compromiso de nuestra bodega con la formación.

González Byass ha seguido este año liderando  la “Sherry Revolution” un movimiento en el que algunos no creían, esta revolución no destruye el pasado para edificar un futuro sin cimientos, esta revolución se basa en el buen trabajo y la constancia y abre un camino basado en el respeto al origen y a nuestra propia historia.  Prueba de ello son las ediciones de Tío Pepe en Rama y los Finos Palmas agotadas prácticamente desde su embotellado, reconocidas a nivel internacional en los certámenes más prestigiosos, deseadas por los mejores chef y sumilleres, son hoy en día una clase magistral sobre la crianza biológica. También han visto la luz dos vinos que son patrimonio no solamente de González Byass sino de los vinos de Jerez en general, un moscatel prefiloxérico sin encabezar, Pío X 1903 un auténtico disfrute de los sentidos y del que solamente hay disponibles en el mercado 100 botellas y Alfonso 1/6 ( un vino Finito) seis botas olvidadas en la bodega de la Constancia que nos muestran la grandeza de los olorosos finos, el gran vino de Jerez. Si este año ha sido la constatación del resurgimiento, esperamos que el 2018 sea el año de la consolidación, ahora bien, consolidar no significa dejar de avanzar sino todo lo contrario, significa afianzar los logros conseguidos para seguir construyendo encima.

El año que llega se nos presenta lleno de proyectos; el lagar de vinificación en dulce de viña Estévez dedicado en exclusiva a la Pedro Ximénez hace honor a nuestro lema “González Byass, la bodega que ama a sus viñas”,  la recuperación y puesta en valor de tipologías de vinos casi olvidadas y la recuperación del Aljibe, nuestro archivo líquido con casi 5.000 botellas de los siglos XIX y XX completan los tres “terroirs” del Jerez, la viña, la bodega y la botella.

En nuestras manos está el futuro, no lo dejemos escapar porque como los vinos de ida y vuelta, los vinos de Jerez vuelven mejores, con mas fuerza y dispuestos a quedarse.

Antonio Flores, Enólogo y Master Blender

¿Qué diferencias hay entre un Fino y una Manzanilla?


Vamos a remitimos a las dos grandes diferencias que en primer término puede haber entre un fino y una manzanilla. La tierra y la bodega. Los pagos costeros destacados en Sanlúcar son: Miraflores, San Borondón, Martín Miguel, Balbaína entre otros, pero esta situación no es determinante ya que los bodegueros jerezanos pueden tener viñas en pagos costeros y bodegueros sanluqueños pueden tener viñas en pagos del interior. Tanto es, que la manzanilla, como el fino, comparten algo en común, la salinidad. El segundo aspecto es la bodega, la crianza biológica. El Consejo de la Manzanilla de Sanlúcar, determina la crianza de la manzanilla al casco urbano de Sanlúcar de Barrameda, enclavado entre la desembocadura del Guadalquivir, junto a la costa del Atlántico que le aporta temperaturas más suaves que Jerez de la Frontera. Pero también es cierto que Jerez de la Frontera está a sólo ocho kilómetros en línea recta de Sanlúcar, no creemos que la localización sea un gran condicionante para diferenciar la manzanilla del fino. Yo iría mucho más allá. La Flor, el tipo de flor, el cuidado de la flor en la bodega, el movimiento del vino en las soleras y criaderas, esta cuestión es importantísima. Por lo tanto, la gran diferencia es el tiempo de crianza, la actividad de la flor, la permanencia del velo de flor tanto en la manzanilla como en el fino es para mi el gran elemento diferenciador.

 

De la serie #HacedorResponde.

Antonio Flores, Master Blender González Byass.

Sherry Revolution, la Revolución con sentido

Había llegado temprano a Londres, me registré en el hotel y estuve tentado de cenar en mi habitación. Estábamos a finales de marzo y, por increíble que pareciera, la tarde era demasiado buena para pasarla repasando itinerarios, reuniones y catas que me esperaban durante siete exhaustivos días  en los que recorrería, junto a mis vinos, el Reino Unido, desde Dover hasta Edimburgo. La tarde era mía y no pensaba desaprovecharla.

Bajé por Pentoville Road hasta una pequeña placita en Rengent Quarter.  Allí estaba mi destino, un pequeño local, Pepito Bar, donde esperaba sentirme protegido de la gran Metrópoli que a esas horas de la tarde rugía como una fiera a punto de devorarme.

Fotografía: sherrywine.es 

El local era pequeño, coqueto, entrañable, sin faltarle cierto aire de modernidad y diseño. En todos sus rincones se respiraba Jerez. Las botellas perfectamente alineadas mostraban toda la riqueza de nuestros vinos: finos, manzanillas, amontillados, palos cortados, olorosos y dulces. Sin dudarlo, me senté en un extremo de la pequeña barra y pedí al chico pelirrojo, que en la trastienda cortaba raciones de jamón con la precisión de un cirujano, “a glass of Tío Pepe, please”. Llegó frío, apetecible, con pequeñas gotitas de condensación que acariciaban el cáliz y se deslizaban lentamente por el tallo hasta el pie de la copa. La acerqué a mi nariz con la rutina de un catador profesional, casi involuntariamente y, en ese instante, una oleada de sal y flor me inundó. El primer sorbo fue corto y directo como un latigazo restallando en mi boca para recorrer lentamente mi garganta dejando un rastro seco, sápido, largo y reconfortante que me hizo sentir seguro y tranquilo, como si estuviera venenciando en La Constancia, la bodega donde comenzó todo.

“Pepito” empezó a llenarse poco a poco, como se rocía una bota, mientras los “londoners” acababan su jornada laboral e inundaban de alegría “La City”. El camarero pelirrojo, con pintas de zaguero de la selección inglesa de rugby, no paraba de servir, detrás de la barra, olorosos, amontillados, palos cortados, con sus nombres y apellidos, Alfonso, Leonor,… acompañando a platitos con jamón, queso payoyo, tortas del Casar, anchoas, alcaparras y más vino, Solera, Tío Pepe en Rama…….Y detrás, las preguntas que me asaltan y emocionan: ¿Qué hay detrás de cada copa de Tío Pepe? ¿Qué ha llevado ha esta gente joven, moderna, sofisticada y profesional, a disfrutar con nuestros vinos?

Las respuestas: honestidad y verdad. Dos palabras sobre las que Jerez ha basado su resurgimiento y que no deberá olvidar nunca. La búsqueda del origen en nuestra tierra, blanca y generosa, como una madre que nos vincula en el tiempo y en el espacio. El trabajo en la bodega, lento, pausado, minucioso y preciso. El ejemplo de los hombres que creyeron, creen y hacen nuestro vino, trabajadores de la viña, toneleros, arrumbadores, capataces, enólogos, vendedores, formadores. Las familias que, generación tras generación, han apostado por un negocio que ha pasado por innumerables vicisitudes y que no han abandonado. Cuánto me acordé de Manuel González-Gordon, de su hijo Mauricio González Díez y de mi padre. ¡¡Cómo hubieran disfrutado!! Pedí una segunda copa y brindé por ellos. Y esa revolución fue calando en Londres, Nueva York, San Francisco, Tokyo y Shangai para darle la vuelta al mundo de la mano de los grandes chefs y sumilleres que hicieron de nuestros vinos el complemento indispensable de la cocina internacional, para volver a España, a Madrid, a Sevilla, como los vinos de ida y vuelta, mejores, con más fuerza.

Y allí estaba yo, absorto en mis pensamientos y disfrutando de toda la flor y toda la vida que me ofrecía esa copa de Tío Pepe que, sorbo a sorbo, menguaba en mi mano -¡a dos mil doscientos setenta y tres kilómetros de la bodega!- cuando dos chicas que no llegaban a los treinta, entre risas y empujones, gritaron: “¡¡Two glasses of Viña AB, please!!”. Me dio un vuelco el corazón, habían pedido mi vino. Me presenté, pedí otra copa para mí, brindé con ellas -“¡¡Cheers!!”-, las invité, estaba feliz. Salí a la plaza, casi no cabía un alfiler. Los primeros acordes de un grupo de rock atronaron en la plaza. King´s Cross tembló, allí estaba la Sherry Revolution levantando su copa. Allí estaba la revolución necesaria, la revolución con sentido.

Antonio Flores Pedregosa

Enólogo y Master Blender de González Byass