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Tío Pepe en La Viña, septiembre: Aserpiado

Comenzamos una nueva serie en nuestro Blog, “Tío Pepe en la Viña” donde queremos compartir con todos vosotros los momentos más relevantes del viñedo, de la mano de José Manuel Harana, Coordinador de Viña y el alma mater de nuestros viñedos.

Con el trabajan Manuel Delgado, ingeniero agrónomo que ha sido el último “fichaje” de este departamento. Ambos son dirigidos por Salvador Guimerá que es Director de Producción y la cabeza pensante para conseguir los mejores resultados en los viñedos de González Byass. El cuidado y seguimiento que tiene José Manuel Harana con el viñedo no tiene límites, durante las mañanas, sigue cepa a cepa y liño a liño el devenir del tiempo, lluvia, sol, etc aunque también nos ha reconocido que alguna tarde, ya fuera de su horario de trabajo, viene a pasear por los viñedos a “echarles un ojo”.

En este primer post nos encontramos ya en el mes de Septiembre, y a la viña le toca prepararse para las ansiadas lluvias de estos meses. El Aserpiado o aserpia es la técnica que se lleva a cabo inmediatamente después de la vendimia, en los meses de septiembre u octubre, cuanto antes se haga mejor. Consiste en hacer unos caballetes con unos ochenta centímetros de distancia. Una de sus funciones es retener el agua de lluvia, con la intención de que el agua se concentre y la tierra albariza pueda absorver toda la lluvia posible. Otra función es frenar las “escorrentías”, que es trasladar las tierras de la parte alta a la inferior del viñedo. Sino hacemos esta función, las zonas bajas quedarán muy subidas de tierra y los altos muy descubiertos, con lo cual sería un problema para el viñedo a largo plazo. Tenemos que cuidar nuestras viñas, que llegarán a tener una vida de hasta treinta y cinco años.

Por San Andrés, el mosto vino es

¡Cuánto encierra este refrán histórico en tierra de viñedos! Cuántas horas de trabajo de la tierra y la bodega que, por fin y siempre por San Andrés, se alían para ofrecernos lo mejor del año, el mosto-vino.

¡Cuánto encierra la cita! millones de seres vivos que han logrado el milagro de la fermentación y que marcan los aromas, la acidez y el peculiar sabor del vino niño.

¡Cuánta pasión y cuánta fe que ha esperado en el frío del acero el momento final, cuando la limpidez ha dejado paso al intenso brillo de un vaso de buen mosto!

Cuántos matices en nariz, ¡parece increíble! Los levantes de agosto, las blanduras de septiembre y la albariza salobre siempre presentes, pero también, flores, levaduras y elegantes amargores en boca, nuestro mosto resume en un sorbo el devenir de la vendimia pasada.

Cuánto rito marcado por un momento del año agrícola que comenzó hace apenas unos meses, las ventas se engalanan, los “mayetos” presumen de sus logros en largas conversaciones de tardes que ya refrescan y es que, San Andrés, trae también los primeros fríos a la campiña.

Cuántos pueblos alegres por sus vinos que, en breve, recibirán el rocío del nuevo mosto para continuar posteriormente su noble envejecimiento en la bodega.

Cuántos buenos ratos tras las banderas rojas que marcan la entrada de los carriles elegidos. Gastronomía de subsistencia que hoy resulta exquisita y que consigue que por San Andrés, miremos agradecidos al campo y a la viña.

 

Por José Argudo, Marketing Manager de Bodegas Tio Pepe-González Byass

Publicado en “Diario de Sevilla”